Ángela

Caras y lugares - Visages, villages

País: Francia

Año: 2017

Dirección: Agnès Varda, JR
Guion: Agnès Varda, JR
Música: Matthieu Chedid
Fotografía: Roberto De Angelis, Claire Duguet, Julia Fabry, Nicolas Guicheteau, Romain Le Bonniec, Raphaël Minnesota, Valentin Vignet
Reparto: Agnès Varda, JR

carasylugaresCaras y pueblos, visages, villages eso es exactamente lo que vemos en este documental. En una furgoneta con una cámara que saca fotos enormes, sus protagonistas, Agnès Vagda y JR (Jean René), van a recorrer el mundo rural francés y nos irán mostrando los paisajes y también la vida diaria en esos pueblos pequeños en los que anteriormente había estado Vagda.

En cada pueblo animan a los vecinos a hacerse una foto que luego pegarán en las fachadas de las casas y por un momento los vecinos cobrarán protagonismo. Un protagonismo efímero, claro, puesto que las fotos en papel se destruirán en no mucho tiempo, pero esta experiencia se vive como una fiesta. Se disfruta el momento.

En un pueblo abandonado desde hace años, se reunirán los habitantes de los pueblos cercanos para hacerse la foto, y pegarlas entre todos. Por un momento, el pueblo abandonado vuelve a la vida. En una granja, un hombre solo trabaja con su tractor, su cosechadora, sembradora, 800 Ha. de terreno. Él mismo nos explica que antes para trabajar 200 Ha. hacían falta cuatro hombres. Está contento, le gusta trabajar solo pero reconoce que “nos hemos vuelto más asociales”. Como recuerdo de su paso por allí quedará una foto gigantesca de este hombre solitario en la fachada de su granero. Otros personajes nos acompañarán en este paseo por la vida; pero sobre todo nos acompañará la imaginación, mucha imaginación.

En su recorrido descubriremos la relación que se establece entre esta mujer pequeña, activa y vital directora de cine de 90 años y un joven fotógrafo, antiguo grafitero, simpático y gracioso, que guarda celosamente su intimidad; relación que vemos consolidarse en el transcurso de la película a pesar de la diferencia no solamente de edad, sino de carácter, de forma de vida, de recuerdos. Dos artistas que intentan comprenderse y ofrecen lo mejor de sí mismos tanto a los habitantes de estos pueblecitos como al espectador. La obra de arte efímera es una metáfora de la vida, también efímera. En una roca caída en la playa pegan una gran foto que no aguanta ni una noche; el viento y el mar se la  han llevado. El complicado trabajo de varias personas durante días, desaparece ante la mirada atónita de Varda. “No pasa nada, estoy acostumbrado, mi trabajo es así”, le dice JR para animarla.

Todo es entrañable en este documental, cine vivo, donde no ocurren grandes cosas, todo transcurre tranquilamente, hasta la furgoneta se desplaza sin agobio sin persecuciones ni atascos por esas estrechas carreteras. Durante el recorrido dos personas se mostrarán como son en sus diálogos, y en su obra, porque no sólo podemos comprendernos hablando, también nuestros actos nos explican. El contraste entre la agilidad del joven y el andar cansino de la anciana, que no vemos como anciana, porque su cabeza trabaja a la perfección, nos muestra el paso de la vida.

Una película pequeña, una pequeña joya.

 

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