Ángela

The Guilty (El culpable)

País: Dinamarca
Año: 2018
Dirección: Gustav Möller
Guion: Emil Nygaard Albertsen, Gustav Möller
Música: Carl Coleman, Caspar Hesselager
Fotografía: Jasper Spanning
Reparto: Jakob Cedergren, Jessica Dinnage, Omar Shargawi, Johan Olsen, Maria Gersby, Jakob Ulrik Lohmann, Laura Bro, Katinka Evers-Jahnsen, Jeanette Lindbæk, Simon Bennebjerg, Morten Suurballe, Guuled Abdi Youssef, Caroline Løppke, Peter Christoffersen, Nicolai Wendelboe, Morten Thunbo, Anders Brink Madsen

The GuiltyMe gusta entretenerme imaginando historias y hace unas semanas tenía una en la cabeza. Una mujer sentada en el metro y frente a ella una pareja de unos 50 años él y ella alguno menos. Él la tiene cogida por los hombros con el brazo izquierdo y el derecho lo lleva metido dentro del bolsillo del abrigo. No hablan. Los dos miran al frente. Se detecta una tensión o al menos esta mujer que los observa tan de cerca siente que algo va mal. Se cruzan las miradas entre las dos mujeres y la mujer que va sola ve el miedo reflejado en la cara de la mujer de enfrente. Decide actuar, coge el teléfono y marca el 112. “¿Hola, cómo vas?” “Perdone señora, está llamando al 112”. “Sí sí, claro”, yo ya estoy en el metro “. “Señora, perdone que la insista, pero este es el teléfono de Emergencias”. “Lo sé, sé que voy a tener que esperarte, pero no importa, ya estoy llegando a la estación de Antón Martín”. “¿Le ocurre algo?”  “No, a mí no… ya te he dicho que no me importa esperar”. “Señora… “. “Sí, ya sabes que me gusta ir en el primer vagón, para salir la primera, jaja, aunque siempre se pone alguien justo delante de mí”, “no se retire, voy a pedir que envíen a alguien. “ Vale, vale”. El hombre, impertérrito hasta el momento,  la mira como molesto por tener  tan cerca a una persona tan parlanchina y mira de reojo a la mujer que sigue con su mirada fija en ella, como pidiendo auxilio.

 “Ya estoy con usted, ¿cómo va vestida?“ “Por cierto, me he puesto el abrigo azul que me compré el otro día, me queda muy bien con las botas negras y el pañuelo azul con estrellitas blancas que me regalaste”. “Tranquila que van para allá”.  “Ya estoy llegando a Sol, la próxima es Gran Vía, nos vemos allí”. “Escúcheme, ellos la localizarán, usted no tiene que hacer nada”.

En la estación de Sol entran varias personas,  una mujer joven con vaqueros y cazadora de cuero se sitúa frente a ella y un hombre también con vaqueros y una sudadera se queda a su izquierda. La mujer le tapa la vista de la pareja y la mira de forma inquisitiva, ella hace un gesto indicándole quienes son los que la inquietan.

“Señora, ya están ahí”. “Ya lo sé, te esperaré tomando un café”. Salga tranquilamente cuando llegue a Gran Vía”. “Vale, hasta ahora”. Al salir del vagón se le acercaron dos hombres. “¿Qué ocurre? “No lo sé, tenía enfrente de mí a una pareja y ella parecía muy asustada”. “¿No han comentado nada en el recorrido? “No, pero estoy segura de que a esa mujer le pasaba algo”. Venga con nosotros.  En un coche camuflado se dirigieron a la comisaría. Mientras un policía tomaba nota de lo que ella contaba, les llegó la información: el hombre, ex pareja de la mujer, llevaba una navaja en el bolsillo; se dirigían a su casa en la que retenía a la hija de ambos tras recogerla del colegio. El hombre había elegido el metro para desplazarse para pasar desapercibidos entre la gente.

No sabía nada de esta película por eso me ha sorprendido tanto la llamada telefónica similar a la de mi historia (salvando las distancias). En The Guilty el protagonista es el policía que presta servicio en Emergencias. Es un tipo desagradable y antipático. Recoge las llamadas con bastante indiferencia, hasta que recibe la llamada de una mujer que parece haberse confundido. Le habla como si fuera una persona cercana; hay alguien a su lado y está disimulando. El hace preguntas y ella responde como si se dirigiera a su hija. Da a entender que la han secuestrado. A partir de aquí la acción es trepidante, pero todo ocurre a través de un teléfono. La cara, los gestos, los movimientos del policía (estupendo actor Jakob Cedergren) y las conversaciones telefónicas desde su mesa de trabajo son los únicos elementos con los que cuenta el director para crear tensión, para hacernos sufrir y para desarrollar una historia mucho más compleja de lo que a primera vista parece.

Me recuerda mucho a Locke, donde el magnífico Tom Hardy, nos cuenta una historia sin salir del coche en un recorrido por la noche de Birmingham a Londres. Algo así es The Guilty y por eso no me la perdería.

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