Ángela

Greta y los Thunberg

A finales de los ochenta apareció en el panorama musical Greta y los Garbo, grupo formado básicamente por tres hermanas, una solista y las otras dos hacían los coros. Y ahora aparecen Greta y los Thunberg copiándoles el formato: Greta, la solista y su madre Malena Ernman y su padre Svante Thunberg, haciéndole los coros. Como con las Garbo, todo queda en familia, aunque ellas eran mucho más graciosas.

Los Thunberg no tienen gracia ninguna; me los imagino sentados a la mesa, quitándose la palabra unos a otros (bueno, eso no, que son suecos) hablando, a la manera sueca, de la descongelación de los glaciares que inundarán la tierra, la subida del nivel del agua del mar en el que quedarán sumergidos hasta los Alpes; de Holanda ni hablamos. ¡Qué conversaciones tan entretenidas en desayuno, comida y cena! Ahora tiene más comensales en la mesa: el mundo entero desayuna, come y cena con ellos.

La pobre criatura dice que le han robado su infancia. ¡Y tanto que se la han robado! Una niña de su edad tendría que estar en su colegio, con sus amigos, haciendo deporte, riéndose, y se pasa la vida rodeada de tipos a los que la vida humana les importa un pimiento.

El montaje es extraordinario. Asistencia al Foro Económico Mundial celebrado en Davos (Suiza), la mayor reunión de poderosos del mundo, los tipos que se reúnen para decidir lo que van a hacer con nosotros, y sin embargo la prensa internacional, en manos toda ella de estos mismo poderosos, nos quiere hacer ver que se han quedado impresionados con las palabras de la niña: “Hemos fracasado. Todos los movimientos políticos en su forma actual lo han hecho". ¿Hemos?, pequeña Greta, ¿has fracasado?  ¿Tú formas parte del  nutrido grupo de poderosos que decide sobre el resto de los humanos? No, Greta, no. Tú no has decidido nada. Los que te han escrito el discurso se han pasado veinte pueblos. Te utilizan porque les vienes muy bien para llegar a la población joven, que como todos los jóvenes, por el hecho de serlo, tienen muy poca capacidad de reflexión. La irracionalidad es la forma básica del pensamiento joven. Tan irracionales son que no sueltan su móvil así los maten, y al mismo tiempo salen en manifestaciones, programadas muchas veces desde el mismo colegio, para denunciar la destrucción del mundo. Y van en coche (el de sus padres, claro) a todos los sitios, y en avión a pasar las vacaciones en España y otros países exóticos. Salvo Greta y su familia, por supuesto. Ella viaja, si la campaña publicitaria lo requiere, en el barco de Alberto de Mónaco, tan ecologista él. ¡Lo que hay que ver!  

Ángela

Cuando seas rico, comerás carne

Decía el refrán: “Cuando seas padre comerás huevos” en los momentos en que comer huevos era prácticamente imposible y si se conseguía alguno era para el padre que tenía que salir cada día a trabajar, y necesitaba estar fuerte para mantener a la familia. Esas épocas de penuria, por suerte, han pasado, al menos en los países desarrollados.

El consumo de carne se ha generalizado muy recientemente, en los años cincuenta y sesenta del siglo XX. Hasta entonces en las zonas rurales se comía carne de caza y el cerdo que se guardaba para la matanza. La cría de ganado de forma “sostenible” que dicen ahora, sólo daba para alimentar a los más adinerados. La gente del común comía alguna gallina de las que criaba, conejo y poco más. Eso era así, no solamente en España después de la guerra. Tampoco en el resto de Europa se comía carne. Patatas, nabos, remolacha; bacalao, arenques, eran la base de la comida en casi toda Europa. En las zonas rurales carne de caza, aquí y allí; y vísceras: callos, manitas de cerdo, de vaca, y todo lo de casquería, también aquí y allí. Por suerte, aquí tenemos todo tipo de legumbres, verduras y frutas. En el centro y norte de Europa su alimentación era reducidísima.

Bueno, pues ahora, han decidido que ya hemos comido bastante y saca la ONU un informe en el que nos dice que tenemos que bajar el consumo de carne por las emisiones de gases de efecto invernadero. Lo del cambio climático sirve para todo. Ni la ONU ni la UNO ni la ANO se atreverían a prohibir el consumo de carne o a restringir la cría de vacas. Pero, hete aquí, que tenemos el cambio climático que nos obliga a dejar de comer carne para salvar la Tierra. Y claro, ya están los medios de comunicación, sacando estadísticas y datos que “confirman” que las vacas producen más efecto invernadero que el petróleo y el gas juntos. Total, que no vamos a ver un chuletón de ternera ni por Navidad

Ángela

No todos somos Ana Julia Quezada

Luis García Montero, flamante director del Instituto Cervantes escribió un artículo infame en Infolibre cuando descubrieron a la asesina del niño Gabriel Cruz, a la cual se está juzgando en estos días. Un artículo que titulaba Todos somos Ana Julia Quezada, en el que convierte al verdugo en víctima, y a la víctima en prácticamente nada. Cuando lo leí en su día me revolvió el estómago y me lo revuelve de nuevo al releerlo. Lo más vomitivo del artículo es cuando escribe: «Un niño sufre una desgracia y los medios de comunicación lanzan a todos sus profesionales para sacar tajada de la muerte buscando audiencias…” ¿Un niño sufre una desgracia? Un niño ha sido asesinado, miserable; no se roto la cabeza al caerse de un columpio. Una malvada le ha asfixiado y le ha golpeado con un hacha. Eso es lo que ha ocurrido. Y lo normal es que nos indignemos ante esta barbaridad, y nos  compadezcamo de ese pobre niño y de esos padres que sufren su muerte día a día. Y sin embargo, nadie ha ido a vengarse por un acto tan salvaje. No ha habido venganza por mucho que tú digas. Te lo has inventado para salir en la prensa, esa prensa, y ahí te doy la razón, que utiliza todos los medios para aumentar audiencias. El negocio es el negocio.

García Montero se empeña en meter a todo el mundo en el mismo saco: “El todos de la gente que pedía la pena de muerte junto al cadáver de un niño fue desolador, una prueba de que los seres humanos tienen también maldad, odio y raptos de bajeza” ¿Todos? Esa docena de vociferantes que pedían la pena de muerte o gritaban asesina, podrían ser los mismos canallas que en la puerta del hospital gritaban “ojalá te mueras” a Cristina Cifuentes cuando estuvo al borde de la muerte tras un accidente. Efectivamente, hay seres humanos de una bajeza moral increíble. Por cierto, no  escribiste un artículo como este en ese momento, se ve que no te repelió tanto; y eso que ella no había matado a nadie.

E insiste: “¿Todos somos Gabriel?” No, somos más bien Ana Julia Quezada?” No, idiota no, no todos somos Gabriel Cruz, a todos no nos ha matado esa malvada; ni todos somos Ana Julia Quezada, no todos hemos matado a un niño. No nos insultes. Muy pocos son capaces de matar a otra persona y menos a un niño, y encima acompañar a los padres día tras día fingiendo una gran pena. Hay que ser mala, muy mala persona para hacer algo así. Tan mala como el padre que mató a sus dos hijas con una sierra eléctrica o el que mató a sus dos hijos hasta hacer desaparecer los cuerpos, o la pareja que mató a su niña adoptada porque les molestaba en sus vidas. ¿Todos ellos asesinaron a sus hijos por culpa del capitalismo?

 Ángela

La joven África en la encrucijada

Los misioneros combonianos, grandes conocedores de África, ya que hace más de 150 años están dedicados a ella, editan la revista Mundo Negro y cada tres años sacan un número especial en el que actualizan los datos de este gran continente. En el mes de mayo de este año 2019 salió el último especial, en el que se ofrecen tablas con datos de todos los países africanos: superficie, habitantes, materias primas, numero de hospitales, de escuelas, religiones que se practican en cada uno de los países, lenguas que se hablan en cada país...

AfricaLos temas tratados en los artículos son muy diversos y abarcan todos los aspectos de la vida de un país: política, economía, la situación de la mujer, la enseñanza…pero me ha resultado especialmente interesante la entrevista con Stephen Smith, antropólogo y experto en África subsahariana, a raíz de la publicación de su libro La huida hacia Europa sobre la emigración hacia este continente de los jóvenes africanos. Smith considera que esta emigración es tan mala para Europa como para África. Para África porque, a pesar de lo que se dice, la mayoría de estos jóvenes que emigran no son los que no tienen para comer, no son los pobres desesperados los que llegan a Europa, pues no tienen medios para hacerlo, sino jóvenes con estudios, con una preparación necesaria para el desarrollo de sus países de origen. Con la emigración África pierde su emergente clase media.

En relación con esto, recuerdo la conversación con un traductor árabe de un Centro de Primera Acogida de Madrid del que sacamos hace un tiempo un artículo: los niños del pegamento. La mayoría de los niños eran marroquíes, niños abandonados a su suerte ya en su país de origen, y por lo tanto muy problemáticos en muchos casos; pero habían comenzado a llegar jóvenes del África negra, jóvenes con estudios, que hablaban varios idiomas, con ganas de estudiar, de trabajar, de buscarse una vida mejor y, según este traductor, nada problemáticos.

Smith señala también que dinero que envían los emigrantes no sirven para el desarrollo del país, sólo permite a las familias vivir algo mejor, lo cual genera problemas de convivencia entre los vecinos. La vida del emigrante, en este y en todos los casos, es muy dura. Envían la mitad de su salario a las familias y ellos malviven en el país de acogida, con pocas posibilidades de integrarse en la sociedad, porque se limitan a la supervivencia, no tienen los recursos necesarios para participar en actividades que les permitan llevar una vida similar a la de las familias trabajadoras europeas. Eso es así siempre, por eso los emigrantes se suelen mover en los ambientes de sus paisanos, muy pocos, y después de mucho tiempo, se relacionan con los ciudadanos del país de acogida. La integración es muy difícil para cualquier persona, pero si llegan por miles el problema se multiplica. Ante este problema, Europa prefiere pagar a los gobiernos de los países africanos para que estos detengan a su propia población. Para Smith, esta solución no es buena. Muchos gobiernos se enriquecen con estas ayudas que no llegan a la población. Incluso pueden llegar al chantaje, añado yo: o me envías ayuda o te mando más gente.

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