Ángela

EL LIBRO TACHADO

Prácticas de la negación y del silencio en la crisis de la literatura

Patricio Pron

(9 de diciembre de 1975, Rosario, Argentina)

 Turner Publicaciones, S.L.

Colección Noema

1ª Edición: mayo de 2014

Enlace al blog de Patricio Pron: ElBoomeran

 

 

ellibrotachado

La desaparición del autor. De eso trata este ensayo de Patricio Pron. Desaparición deseada o forzosa. Autores que han querido que se conociera su obra pero no ser conocidos ellos mismos, como Patrick Süskind, o Salinger que desapareció de la vida pública tras las críticas negativas de su relato “Hapworth 16, 1924”; escritores que no han querido que se conocieran sus escritos (como Frank Kafka que pidió a su amigo Max Brod que destruyera su obra a su muerte, cosa que no hizo, claro); escritores enloquecidos como Antonin Artaud que pasó 9 años recluido en diferentes manicomios; escritores bloqueados como Samuel Taylor Coleridge, Paul Valery y otros muchos que no pudieron escribir durante años; los que abandonaron la escritura tras haber tenido un gran éxito; los encarcelados por motivos políticos como Ósip Mandelshtam recluido en 1935 y muerto en un campo de concentración (“algunas fuentes cifran el número de escritores arrestados durante el régimen soviético en aproximadamente 2000, 1500 de los cuales habrían muerto en la cárcel o en campos de trabajo forzado” (pág. 74). Y los suicidas (hay unas 10 páginas en la sección de notas con una lista exhaustiva de estos y las diferentes formas de suicidio, el listado comienza con Jack London, Gerard de Nerval, Virginia Wolf y un larguísimo etcétera), los falsificadores, los desaparecidos voluntariamente o no…

Ya en el prólogo el autor nos señala el camino que va a seguir al hablar de los autómatas creados por dos relojeros Friedrich Von Knaus (1760) y Pierre Jaquet-Droz (1774) capaces de escribir frases registradas previamente en un disco. Hasta llegar al capítulo final con los ordenadores que “facilitan el cortado y el pegado hasta el punto de hacer imposible-y quizá innecesario – el establecer la autoría de los textos”.

Formas de desaparición del autor.

Y en medio, los libros censurados, quemados, prohibidos, olvidados, despreciados.

Como lectora, valoro mucho a los autores, porque expresan sentimientos con los que me siento reflejada, porque me hacen reflexionar, porque me hacen sufrir, me hacen reír, en fin, porque me ofrecen un mundo mucho más variado del que conoceré en mi vida. Los sigo a través de sus libros. Pero su vida personal, en general me interesa poco. Hay grandes escritores, como grandes pintores, dramaturgos, compositores capaces de realizar obras extraordinarias que son unos verdaderos imbéciles, o malvados, o todo junto. No me resisto a poner un extracto del último capítulo “Crisis” porque pone en relación dos casos que suelo poner de ejemplo cuando salen a relucir las filias y las fobias de los lectores ideológicos: “…que ciertas personas crean que se puede juzgar la obra literaria por la moral del autor –lo que, por supuesto, convierte cosas como Lolita en una aberración porque su autor era un cerdo, o Viaje al fin de la noche de Louis-Ferdinand Céline en una obra repudiable porque su autor fue antisemita, al tiempo que nos obliga a todos a leer banalidades como las de Pablo Neruda porque, bueno, fue una buena persona y estaba al lado correcto de las cosas…” Sólo un comentario a esto último: Neruda, estalinista que nunca se retractó de sus opiniones (llegó a escribir una Oda a Stalin), sigue siendo un autor muy considerado precisamente por estalinista; debido a su antisemitismo, los actos que se estaban preparando en Francia por el centenario del nacimiento de Céline quedaron en nada. La propaganda funciona, sobre todo si el grupo de presión es fuerte.

Este libro es un viaje a través de la literatura en busca de esos libros tachados siguiendo las peripecias del escritor, de sus miedos, de su locura. Pinceladas que en algunos casos dicen más de los autores que biografías de muchas páginas.

Un libro muy bien documentado (las notas son tan importantes como el cuerpo del libro), imprescindible para cualquier interesado por la literatura, pero también para el curioso interesado por la vida de los autores (y son muchos) muy conocidos, o de autores poco conocidos y que Pron consigue que vayamos a comprar sus libros a la librería más cercana.

Sólo he leído dos novelas: El comienzo de la primavera y El espíritu de mis padres sigue subiendo en la lluvia, pero seguiré sus pasos, es decir, su obra, porque me parece un autor muy interesante, y puedo decir, sin temor a equivocarme, que un extraordinario lector.

 

 

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