Ángela

24-4-2020

Desde mi guarida

lIBERTAd

Hoy se ha estrellado otro avión en España con 367 personas dentro. Y lo damos por bueno, porque hay días en los que se han estrellado dos y tres. En poco más de un mes se han estrellado 62 aviones. En ningún país se han estrellado tantos como en España, pero este gobierno no ha hecho nada mal. De hecho a este gobierno lo que más le preocupa es la difusión de bulos, de lo que ellos deciden que son bulos, claro. Los bulos son los que producen “estrés social”. No son sus medidas disparatadas las que crean estrés, ni el arresto domiciliario al que estamos condenados todos, ni el nivel de paro al que estamos abocados, ni la situación dramática en la que se encuentran ya miles de familias, ni el desastre económico que todos sabemos se está produciendo y nosotros viéndolo desde nuestras casas con una impotencia absoluta. No, nada de esto crea estrés, son los bulos los que crean estrés. 

LaGiocondaHace unos días, el 15 de abril concretamente, el CIS (Centro de Investigaciones Sociológicas, organismo de la Administración encargado de realizar sondeos de opinión pública) que dirige José Félix Tezanos, del PSOE toda su vida, realizó una encuesta con la siguiente pregunta: “¿Cree usted que en estos momentos habría que prohibir la difusión de bulos e informaciones engañosas y poco fundamentadas por las redes y los medios de comunicación social, remitiendo toda la información sobre la pandemia a fuentes oficiales, o cree que hay que mantener libertad total para la difusión de noticias e informaciones?” Un 66, 7% respondió que habría que restringir y controlar las informaciones, estableciendo solo una fuente oficial de información. Podría haber planteado la pregunta mucho más directamente: ¿cree usted que debemos implantar la censura? Pero a lo mejor el resultado no habría sido el mismo. Porque en primero de sociología se debe estudiar la manera más complicada de hacer las preguntas para que no las entienda nadie, y así la mayoría de la gente responda como le interesa al encuestador. A pesar de la reacción de los medios de comunicación en contra de una pregunta como ésta, Tezanos no se arruga. Está bien, y ya está. No se corta un pelo. Trabaja para el PSOE al que lleva enganchado toda la vida y todo lo que le venga bien al PSOE le viene bien a él.

Pocos días después, el general José Manuel Santiago, jefe del Estado Mayor de la Guardia Civil, en su comparecencia diaria para hablarnos de la gente que han pillado dando la vuelta al bloque, dice que la Guardia Civil trabaja para «minimizar el clima contrario a la gestión de crisis por parte del Gobierno”. Toma, toma y toma. Otro que no se corta un pelo. Ante el escándalo que se organiza, el ministro del Interior, Fernando Marlaska, dice que ha sido un lapsus. Nos toma por idiotas el señor ministro. No fue ningún lapsus. En la comparecencia del día siguiente, el censor Miguel Ángel Oliver, secretario de Estado de Comunicación, no permite las preguntas de los periodistas al general. Un día después, debido a la presión de los periodistas, tiene que admitirlas y el general sale diciendo que su trayectoria es excelente y que no quiso decir instituciones del gobierno, sino del Estado. Como se coge antes a un mentiroso a que un cojo, al final resulta que sus declaraciones están relacionadas con un mensaje enviado entre los días 15 y 16 de abril a todas las comandancias de la Guardia Civil en las que se solicita la “identificación, estudio y seguimiento de […] campañas de desinformación», así como «bulos y fake news susceptibles de generación de estrés social y desafección a instituciones del Gobierno”. Además se añade en el mensaje que se tiene prevista «la elaboración de un informe monográfico sobre las actuaciones de ciberseguridad de la Guardia Civil vinculadas al Covid-19 […] con la finalidad de ser tratado en próximas reuniones con el titular del departamento ministerial». O sea, el señor Marlaska. El general se limitó a leer las órdenes del señor ministro y a firmar el correo enviado a las comandancias de la Guardia Civil, vamos, que sabía lo que leía.

LibertaddeexpresionNo era un lapsus, señor ministro. Era la utilización por parte del gobierno de la Guardia Civil en contra de la libertad expresión de los ciudadanos, algo digno de regímenes dictatoriales. Lo más llamativo es que esa orden venga de un ministro que ha sido juez durante años (y lo que es peor, volverá a serlo cuando deje el puestazo que tiene ahora). El señor Marlaska sigue erre que erre y hoy mismo ha vuelto a decir que el problema son los bulos. ¿Los bulos que propagan ustedes, señor ministro?

Y no podía faltar la señora Rotenmeyer Celáa, la que declara a Hacienda que tiene dos duros en el banco y tiene más propiedades que el resto de ministros, y ya es decir (y se siguen llamando gobierno de izquierdas). Pues Rotenmeyer- Celáa, ministra de Educación y Formación Profesional, dice que «no podemos aceptar que haya mensajes negativos, mensajes falsos en definitiva». O sea, que los mensajes negativos sobre la mala gestión del gobierno, en este caso del coronavirus, pero pueden aplicarlo al tema que les interese, son falsos. Sólo son verdaderas las mentiras del gobierno. Y no van a consentir las críticas a su gestión. ¿Y cómo lo van a evitar? ¿metiéndonos en la cárcel? Ya estamos todos en la cárcel, críticos y allegados, señora Rotenmeyer.

Claro que, teniendo en cuenta sus hábitos dictatoriales, supongo que ya tendrán pensado crear campos de internamiento para los disidentes. Después de ver el uniforme maoísta de la ministra de Asuntos Exteriores (de dónde ha salido esta señora? ¿y el ministro de Universidades?), supongo que tomarán como modelo los campos de concentración chinos.

No sabía que vivíamos en un régimen dictatorial, pensaba que en un país democrático, la libertad de expresión era un derecho básico del ciudadano.

El asunto es grave, muy grave, no podemos dejarlo pasar como si no tuviera importancia. Por muy preocupados que estemos por nuestra salud, no podemos dejarnos avasallar, porque el coronavirus pasará, aunque el daño causado tanto social como económicamente es y será monstruoso, pero si los dejamos, perderemos hasta nuestros derechos fundamentales. El poder quiere dominarlo todo; nosotros, hombres y mujeres libres tenemos en nuestra mano que no lo consigan. Da igual que se llamen de izquierdas o de derechas, su afán de control es total, somos nosotros los que podemos y tenemos que evitarlo.

Están muy bien los aplausos, pero en algún momento, más pronto que tarde, tendremos que empezar a dar gritos.

Pintura: Libertad de Expresión. Roberto Cordero

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