Angela

26-2-2021

¿Quién protege a los niños?

Una niña de 10 años desaparece de Horby, una pequeña población cercana a Malmo, la tercera ciudad con más habitantes de Suecia, y al cabo de unos días aparece su cuerpo abandonado en la cuneta de una carretera. Había sido violada y torturada antes de matarla. Así comienza Jakten på en mördare (La caza de un asesino), serie basada en hechos reales. Este suceso terrible sucede en 1989. La policía no descubrirá al asesino hasta 13 años después.

jovenmendigomurilloEl argumento puede ser el de cualquier novela policiaca, aunque en este caso se trate de un suceso real. Los altos cargos policiales y políticos interrumpieron la investigación en varias ocasiones por falta de presupuesto; sólo el empeño de un pequeño grupo de policías dirigidos por su jefe casi en edad de jubilación, hará que el criminal termine enfrentándose a la justicia.

Lo interesante de la serie es el mundo que nos va mostrando durante tantos años de investigación. El país ejemplo de la sociedad de bienestar aparece ante nosotros como un mundo hostil, una zona empobrecida con salarios bajos y mucha gente viviendo de las ayudas del gobierno. La violencia infantil es terrible. Según van interrogando a los distintos sospechosos, todos ellos monstruosos, vemos con horror que en bastantes casos habían sido golpeados brutalmente cuando eran niños unas veces por el padre, otras por la madre, o por los dos. Vemos niñas abandonadas por la familia dedicándose a la prostitución para pagarse las drogas, que no tienen a nadie que las atienda. Ni la familia ni el Estado. El policía que dirige la investigación se sorprende de la cantidad de tipos condenados por abuso infantil y violación en un lugar tan pequeño. Hasta 29 son investigados como sospechosos por condenas anteriores como violadores y pederastas, todos ellos viven en esta población o en los alrededores. “¿Si esto es aquí, cómo será en toda Suecia? Se pregunta el policía. Su compañera le responde que esta es una zona deprimida, sin trabajo por el cierre de empresas por la crisis económica, es gente sin futuro.

La falta de futuro destruye las sociedades en todos los sentidos pero no explica la barbarie. La violencia contra los niños en general y los abusos sexuales en particular se dan en todos los sectores de la sociedad. En artículos anteriores hablábamos de los casos de intelectuales franceses abusando de niñas y niños con la complacencia de sus amiguetes también intelectuales, y cómo en los años setenta y hasta los noventa se veía con normalidad la petición de intelectuales como Sartre o Simone de Beauvoir para bajar la edad de despenalización de las relaciones sexuales con niños para evitar problemas a los adultos. O los casos surgidos a partir de la detención de Epstein en Estados Unidos que proveía de niños y niñas a toda esa caterva de perversos ricos que viajaban en su avión hasta su isla maldita. O el caso del abuso de menores en Baleares en el que niñas de centros de acogida, bajo la tutela del Estado, son prostituidas sin que hasta el momento se haya tomado medidas contra los abusadores, ni haya dimitido nadie por no ocuparse de ellas como es su obligación, que para eso los pagan.

Justo ahora la Fundación ANAR ha sacado el informe “Abuso sexual en la infancia-adolescencia según los afectados y su evolución en España”, en el que señalan que el abuso de menores se ha multiplicado por cuatro en los últimos diez años en España. Han pasado de 273 casos en 2008 a 1.093 casos en 2020. Una barbaridad.

Y esto pasa en los países llamados desarrollados.

No, la violencia contra los niños no es un asunto económico. Es la degradación moral la que produce monstruos.  

La familia, base y sustento de la sociedad, está siendo aniquilada y el Estado cuya primera obligación es la protección de los más débiles, está claro que no cumple con su función (¿entonces, para qué sirve?), así es que los niños quedan en manos de desalmados que los maltratan y los someten.

Sobran ministerios, sobran asesores muy bien pagados y que no se sabe a qué se dedican (alguna a cuidar a los niños de la ministra), pero ¿quién protege a los niños, los más vulnerables de la sociedad?

Pintura: Bartolomé Esteban Murillo. Joven mendigo o Niño espulgándose (1645-1650)

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