Ángela

María Jiménez tiene la fuerza del que ha vivido momentos duros y que ha conseguido salir adelante sin arredrarse ante nada ni ante nadie. Con ese genio hace suyas las canciones del magnífico Joaquín Sabina,  y las convierte, con esa pasión que pone al interpretarlas en algo más emocionante, desgarrador.

Maria Jimenez

Camas vacías

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mariajimenez

Ni tú bordas pañuelos ni yo rompo contratos,
ni yo mato por celos ni tú mueres por mí,
antes de que me quieras como se quiere a un gato
me largo con cualquiera que se parezca a tí.

De par en par te abro las puertas que me cierras,
me cuentan que el olvido no te sienta tan mal,
la paz que has elegido es peor que mi guerra,
aquella cama nido parece un hospital.

Yo, en cambio, no he sabido ir a favor del viento
que muerde las esquinas de esta ciudad impía,
pobre aprendiz de brujo que escupe al firmamento
desde un hotel de lujo con dos camas vacías.

Ángela

Algunas palabras

Eugenio Montejo

(Caracas, 1938 – Valencia, Venezuela, 2008)

EugenioMontejo

Algunas de nuestras palabras
son fuertes, francas, amarillas,
otras redondas, lisas, de madera…
Detrás de todas queda el Atlántico.

Algunas de nuestras palabras
son barcos cargados de especias;
vienen o van según el viento
y el eco de las paredes.

Otras tienen sombras de plátanos,
vuelos de raudos azulejos.
El año madura en los campos
sus resinas espesas.

Ángela

6-3-2020

El canto de Uruk

Adnan Al Sayegh

(1955, Bufa, Irak) 

AdnanAlSayegh

No somos más que las piedras de los molinos

Dad la vuelta a nuestra tierra, piedra por piedra,

Encontraréis nuestra sangre llenándola.

¡Ay! De una nación que no vive sin guerra.

Colgué el abrigo de mi vida

Y fui a la guerra encogido como un huérfano sobre una camella,

¡Ah! ¡Qué será de una patria carcomida su espalda por las termitas!

Una patria hecha de pieles desgarradas y pegadas una encima de otra

Para resonar los tambores en la plaza de la guerra.

Ángela

10-1-2020

Piscis

Gonzalo Millán

 

(1 de enero de 1947 - 14 de octubre de 2006, Santiago de Chile)

GonzaloMillan

Los ojos de los peces

estaban

siempre mirándonos,

abiertos y voraces,

desmesurados como soles.

 

Y lo ignoramos

con nuestra ceguera

de gusanos,

atentos únicamente

al dolor del anzuelo.

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