ELENA FONS

Traductora de francés e inglés, acupuntora. Si necesitáis contactactar con ella podéis hacerlo directamente a través de su correo Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.. Amante de la literatura y colaboradora del fanzine Vacaciones en Polonia, nos trae este poema de Whitman.


He elegido entre la poesía de Walt Whitman (hasta he soñado con sus poemas esta noche) porque es un canto a la naturaleza.
Me ha resultado difícil escoger entre poemas a animales, hierbas, mujeres, hombres, niños, cosas, alegres o exaltados poemas a todo cuanto existe y todo cuanto amamos. Hojas de hierba es una compilación de muchos poemas hermosos. Pero sin embargo, de Canto a mí mismo he elegido este:
 
Walt Whitman, un cosmos...
de "CANTO A MI MISMO"

WALT WHITMAN
(West Hills, New York, 31 de mayo de 1819 - Camden, New Jersey,26 de marzo de 1892)

Versión de León Felipe

11Walt-Whitman

Walt Whitman, un cosmos, el hijo de
Manhattan,
turbulento, carnal, sensual, comiendo,
bebiendo y procreando,
no es un sentimental, no mira desde
arriba a los hombres y mujeres ni se
aparta de ellos,
no es más púdico que impúdico
¡Quitad los cerrojos de las puertas!
¡Quitad las puertas mismas de sus quicios!
Quien degrada a otro me degrada a mí,
y todo lo que hace o dice vuelve a la postre a mí.
La inspiración mana y mana de mí,
me recorren la corriente y el índice.
Pronuncio la contraseña primordial,
doy la señal de la democracia,
nada aceptaré, ¡lo juro!, si los demás
no pueden tener su equivalente
en iguales condiciones.


Voces desde hace largo tiempo
enmudecidas me recorren,
voces de interminables generaciones
de cautivos y de esclavos,
voces de enfermos y desahuciados,
de ladrones y de enanos,
voces de ciclos de gestación
y de crecimiento,
y de los hilos que conectan las estrellas,
y de los úteros y de la savia paterna,
y de los derechos de los pisoteados,
de los deformes, vulgares, simples,
tontos, desdeñados,
niebla en el aire, escarabajos que
empujan bolitas de estiércol.
Voces prohibidas me recorren,
voces de sexo y lujuria,
veladas voces cuyo velo aparto,
voces indecentes por mí purificadas
y transfiguradas.
No me tapo la boca con la mano,
trato con igual delicadeza
a los intestinos que a la cabeza
y el corazón,
la cópula no es para mí más grosera
que la muerte.
Creo en la carne y en los apetitos,
y cada parte, cada pizca de mí
es un milagro.
Divino soy por dentro y por fuera, y
santifico todo lo que toco o me toca,
el aroma de estas axilas es más
hermoso que una plegaria,
esta cabeza más que los templos,
las biblias y todos los credos.

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