Mohamed Toufali

MOTOUFALI

 

 

Los intereses vitales de Mohamed Toufali (Melilla, 1951), son muy variados. Estudió música, sociología en Madrid y posteriormente se marchó a Estados Unidos donde se doctoró en matemáticas y estadística. Allí se establecio siendo director del centro de informática ordenadores. También es poeta y cantautor. Escribe tanto en español como en rifeño.

 

 

Madrid

Te veré tal vez como antes en Serrano
o en el mesón al que íbamos en verano
pedirás un tinto, Rioja o tal vez Cinzano
y hablarás de tu amigo que te dejó temprano.

Te diré lo siento por aquél que se ha marchado
dejándote el alma aún más agobiado.
Me dirás, «pero bueno, queda aún el pasado,
que lo mimo siempre en un papel doblado».

Pediré un té, un blanco o un cortado.
Y te diré que yo también no decido lo apropiado.
Pensarás, todo depende de las circunstancias
y recordarás el Paseo de las Acacias.

Te diré «el tiempo nos sacudió fuertemente.
Y las arrugas se han colado lentamente».
Y llorarás, sin quererlo, por los tiempos pasados
que aún recuerdas con cariño y sentimiento...

Te quejarás de los bares viejos que han cerrado
y dirás: «El parador de la Moncloa ya ha callado».
Y que ya no ves a ésos que habías ligado
ni los amigos de antes que habías conocido.

Pensarás que las cosas cambian sencillamente
y que tú no sabes olvidar y envejecer tiernamente.
Y te miraré, sin decir nada, mudo y tristemente
y me dirás, «Madrid ahora, no es como antes».

Poco queda de ese Argüelles, Sol o Moncloa
que recorrimos juntos tantas veces en la noche sola.
Ha cambiado la Gran Vía, Callao y la plaza Mayor.
La pintaron ahora de un muerto color marrón.

Y el cielo azul posará sus alas sobre nosotros.
Y una canción alegre se oirá en el Retiro.
Y pedirás otro vino para saciar tu añoranza
y pediré un «quita-penas» para calmar mi andanza.

Y luego pasearemos por las calles de ese viejo Madrid
que se encuentra dormido en nuestras entrañas.
Tomaremos juntos otra vez ese añejo
y brindaremos como lo hicimos antes sin bostezo.

Te preguntaré por tu amante que se ha fugado
y preguntarás por el cuento que no he acabado.
Suspiraré lentamente profundo y sosegado
y te diré que lo nuestro nunca ha terminado.

Me mirarás con ojos adolescentes olvidados
y observaré el silencio que me has creado.
Te diré: «El amor sin saberlo se vuelve raro
y se enroca en el alma para no ser perturbado».

Madrid es bonito profundo y sincero
pero el vino se acaba y la canción también calla.
Me esperan otros lugares… lejos lugares
versos mediocres… y amantes perdidos…

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