Carta de una rica a Carmena

Querida Carmena:

¡Cuánto siento que te hayas ido! Te escribo estas líneas para darte las gracias por todo lo que has hecho por mí. ¡Qué pena, con lo bien que me iba contigo! Has cambiado mi vida. Vivía, se puede decir, exiliada en La Moraleja, hasta que tú decidiste eliminar de un plumazo los obstáculos que me impedían disfrutar de Madrid. Con lo que a mí me gusta salir de compras, ir al teatro, a comer con las amigas, pasear por la Gran Vía, y no me quedó más remedio que irme a vivir a La Moraleja, lo más cercano a un cementerio que conozco. Bueno, hay cementerios muchos más divertidos que La Moraleja. ¡Qué soledad! Sólo podía salir con mi chófer, con lo que a mí me gusta la libertad (teniendo en cuenta que lo paga mi ex, imagínate. Aunque le sale barato: chófer e informante por el mismo precio). Enclaustrada llevo más de 20 años. La ciudad se había convertido en un infierno con tanta contaminación, tanto ruido de coches, con lo ecologista que soy yo y amante de la vida sana. Y llegaste tú, tan comunista, arropada por esos niños tan monos (Errejón me encanta, qué pijo tan bien educado), y en un plis plas todo arreglado.

Según te escribo, levanto la cabeza y desde la terraza de mi ático veo esta magnífica ciudad con sus tejados rojos, las cúpulas que sobresalen por encima de los edificios, su cielo azul. Imponente. Y abajo la gente paseando por esas grandes aceras sorteando a los manteros, que le dan ese punto tan exótico, vendiendo bolsos. Algunos he comprado, que como soy rica todos piensan que son de verdad. Es lo que mejor que tiene ser rica: haces lo que te da la gana. Y  me ahorro un montón de pasta porque nadie duda de que sean de verdad, y aunque alguna se dé cuenta no dicen nada porque vete tú saber los que han comprado ellas.

Alejandra C.

Los nombres
Habían elegido la vida natural para sus hijos, la vida sana, la tranquilidad, huían de la destrucción del mundo. Habían pasado por todo: la capa de ozono, el enfriamiento global, el calentamiento global…) pero cuando llegó el cambio climático se dijeron ¡hasta aquí hemos llegado! Y dejaron la ciudad. No se fueron muy lejos, que tampoco era cosa de abandonarlo todo. Encontraron su refugio en un pueblecito serrano a una hora de la ciudad. Allí vivirían tranquilos.
No eran los primeros en llegar. Años atrás se habían establecido allí varias familias que iban con la idea de vivir del campo, pero era una tierra dura y la agricultura no tenía posibilidades. Pequeños huertos con algunas lechugas, coles, tomates pocos y tardíos. Echaron unas cuantas gallinas pero no daba mucho de sí la cosa. Huevos frescos comían todos los días, eso sí, todos todos los días. Enseguida se dieron cuenta de que eso no daba para vivir. Y el ganado tampoco era la solución. Resultó que criar ovejas era mucho más difícil de lo que pensaban. ¡En la tele se veía tan fácil! Para vivir de ellas hacían falta muchas y para eso no estaban preparados. Alguno se gastó los ahorros comprando a los lugareños, esa gente de campo tan buena y honrada y no como los de ciudad: les vendieron las más viejas y como para ellos todas eran iguales, se quedaron sin dinero y sin ovejas. Media docena, por la ilusión más que nada. Y a ver a quien iban a reclamar. Al maestro armero. Y lo mismo con las vacas: con dos vacas no vive una familia. Sólo uno de ellos se había asesorado bien al comprar las vacas, consiguió buenos pastos hasta hacerse en el transcurso de los años con una buena ganadería y como la ciudad estaba tan cerca, tenía todo vendido y a buen precio, que para eso eran vacas ecológicas. Cuando ellos llegaron era el rico del pueblo. Los demás vivían como podían de la artesanía. La que no hacía bolsas de tela hacía cuadros de flores secas o todo tipo de tapetes de ganchillo, de punto de cruz; otros sandalias, cinturones y bolsos de cuero; también estaban los ceramistas, todos muy creativos. Entre eso, las lechugas y las cuatro gallinas sobrevivían.

Dolores del Paso

El juego

A pesar de la lluvia que cae rítmicamente desde primera hora de la tarde, ha cogido el coche para darse un paseo. De vez en cuando le gusta conducir sin rumbo, por el placer de conducir. No está sola. En el asiento de atrás se remueve un poco Merlín, su perrito miniatura, hasta que se acomoda y duerme plácidamente. Por las calles cercanas la gente se mueve de un lado para otro, grupos de jóvenes que cambian de local, parejas mayores que salen de cenar, o del teatro, o del cine, incluso algunos ancianos que se recogen tarde. Según va alejándose del centro, las calles se ven cada vez más vacías. Callejea tranquilamente, sin prisa, pero no quiere quedarse por allí, se dirige hacia la M40 dónde puede conducir más libremente, sin semáforos, sin cruces. Cuando se incorpora a la M40 el tráfico es fluido; todavía circulan coches de los que vuelven a casa en los barrios o en los pueblos limítrofes. Circulan deprisa, tienen ganas de llegar a casa, ponerse el pijama y sentarse a ver la tele un rato antes de ir a dormir. Es jueves, así es que no quedarán muchos dentro de un rato, mañana hay que trabajar. Ella no tiene prisa, se coloca en el carril derecho y se centra en la música que está sonando hace rato pero a la que hasta ahora no ha prestado mucha atención; le interesaba más la gente en las calles que la música. Pero ahora está sola, Merlín duerme y la música es su mejor compañía. Suena Wish You Were Here, de Pink Floyd. Esta canción le trae recuerdos de hace muchos años, cuando era tan jovencita. Su hermano rasgueaba la guitarra y juntos canturreaban algunas canciones. Esa era la de la mili. Cualquier canción va asociada a algún momento importante, o no, de su vida. La chica de ayer, la escuchaba mientras estudiaba cuando todos se habían ido a dormir. Al día siguiente a trabajar y luego a la Universidad. Ahora casi no escucha música, o al menos, no tan atentamente. Sólo cuando va sola en el coche. Le gusta escuchar las canciones que ponen en la radio. Es una sorpresa; bueno, no tanto, como siempre pone la misma emisora, las canciones son casi siempre las mismas, algunas las ponen incluso a la misma hora todos los días. Muy curioso. Pero una pequeña sorpresa sí es. De algunas se sabe la letra y las canta a grito pelado. Es el único sitio donde puede cantar a todo lo que le da de sí la garganta, que cada vez es menos.

Sin darse cuenta se ha quedado sola en la carretera. Ni por delante ni por detrás ve ningún coche “¡Qué raro, piensa, se han ido todos”. Acelera bruscamente y sale en persecución de alguien que le haga compañía. Por la derecha se incorpora un coche y se cambia al carril central para ponerse a su altura. El coche acelera, y ella también.  Acelera de nuevo y ella le sigue hasta colocarse de nuevo a su altura. El conductor debe de estar mosqueado. ¿Qué hace este imbécil? Se estará preguntando. Pero ella no ceja. Reduce la velocidad el otro coche y ella también, hasta que es ella la que acelera dejándole por un momento atrás. El tipo se lanza en su persecución hasta que se pone a su misma altura. Ahora es él el que circula por el carril central. De repente aparece otro coche por el carril izquierdo que se pone a la altura de los dos. Seguramente se ha percatado de lo que hacían los dos coches y ha decidido unirse al juego. Durante un instante los tres coches van a la par, hasta que el último en llegar acelera y sin pensárselo mucho salen los dos en su persecución. Siguen los tres solos.

Ángela

Carta a los Reyes Magos
Queridos Reyes Magos:
Aunque un poco tarde, como siempre, os escribo con algunas peticiones (muy poca cosa, no os preocupéis), que como podéis ver no son sólo para mí. A ver si hay suerte.

-Un cinturón negro para los vaqueros.

-Un Fanton como el de Pedro Sánchez, porque por 283 euros yo no llego ni a Albacete con el coche. Me llevo a toda la familia y a mi perrito, que yo sin Calcetines no salgo a la puerta de la calle, y nos sale tirado de precio. Con ese pedazo de avión, ni hotel necesitamos.

-Un bozal para esa sinvergüenza, suspendida de militancia del PSOE de La Rioja por decir que la pobrecita Marta del Castillo"seguiría viva" si no "hubiera ido a casa de su exnovio sola y en condiciones no muy buenas"… "Y otra cosa. Sin cadáver no hay crimen". ¿Cómo se puede ser tan mala?

-Una novia para Calcetines

- Un cerebro para Dani Mateo, que por mucho que sume sus partes, nunca conseguirá ser la hostia, siempre le faltará el cerebro.

- Un tren del s.XXI y no del s XIX (que a veces el orden de los factores sí altera el producto), para Extremadura, y para Murcia y otros tantos lugares abandonados a su suerte.

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