Dolores del Paso

Un camino largo y desolado

Paula

Cuando se conocieron Paula era muy joven, por eso María le parecía bastante mayor, pero quizás tuviera unos 40 años y un marido de 65, que más bien parecía su padre. Una pareja rara, pensó Paula, por esa diferencia de edad tan exagerada. Vivían bien en París. Él era periodista en un diario importante. Ella no trabajaba, o mejor dicho, su trabajo era ocuparse de él. A él le gustaba salir poco, y tras jubilarse, nada. Se dedicaba en cuerpo y alma a la investigación de temas políticos y a la escritura pero tenían algunos amigos que iban a visitarlos a menudo, o recibían visitas de jóvenes interesados en conseguir información sobre los temas que él investigaba. Paula y María se veían una o dos veces al año en París, y después en una ciudad al sur, junto al mar. Paula nunca le preguntó por su vida, pero sabía que venía de Sudamérica y que había llegado muy joven a París. Poco más. No tiene por costumbre preguntar nada sobre la vida de la gente, ni siquiera de los amigos más cercanos; ellos contarán lo que quieran. Apreciaba a María, era una mujer vital y con mucho genio, parlanchina, vehemente; podía ser cortante si algo no le gustaba.

Cuando iba a verlos lo hacía acompañada de Luis y Marta, amigos comunes, también más mayores. Siempre se hablaba de política en aquellas reuniones, de la guerra, de la dictadura, pero también de lo que ocurría en el momento, sobre todo en España. España era el tema central entre los exiliados. María sobre estos temas hablaba poco, en realidad sólo para cortar la conversación cuando se iba de las manos, ya que su marido era aún más vehemente que ella. Todos los amigos habían llevado una vida bastante ajetreada, habían vivido peligrosamente durante el franquismo, por eso vivían en París o en el sur de Francia, muy cerca de la frontera.

Pasaban los años y María seguía con su vitalidad y su genio. La penúltima vez que Paula la vio todavía vivía su marido. Estaban conversando en el salón de su casa y en un momento dado entraron las tres amigas en el dormitorio. María quería mostrarles algo. En una estantería llena de libros, como toda la casa, vio la foto de un niño, un bebé. Era una pequeña foto en blanco y negro.

Antonio Moreno del Camino

El extraterrestre desde su planeta
El extraterrestre dejó Barcelona pero casi a diario se sienta frente a su pantalla ultra plana digital y sigue con mucho interés  lo que ocurre en esta ciudad que tanto le gustó.
Alucina cada vez que se asoma a esta región del mundo. El disparate es total. Detrás de Puigdemont salió corriendo la chica del pelo raro y las camisetas con dibujitos que se decía comunista, anticapitalista, ¿y a dónde fue?, ¡A Suiza! el país más capitalista, bueno, más que país, el banco de los ricos del mundo ¡toma, toma y toma! Y se deja melenita y cambia las camisetas de manga corta sobre camisetas de manga larga por blusitas de niña pija. Se ve que su antigua imagen les gusta poco a los suizos, tan comedidos ellos. Pero no son estos los únicos valientes: Marta Rovira, “la monja” que habla tan raro también ha salido corriendo, ¿a dónde?, sí, lo habéis adivinado, ¡A Suiza! ¿Atracción fatal? No, es que en Suiza se vive muy bien, sobre todo si esperas que te mantenga el movimiento independentista, o quien sea, que nunca se sabe de dónde viene el dinero. Al resto de los dirigentes que han llevado al país al desastre los ha mandado el juez a la cárcel. ¿Esperaban otra cosa tras dar un golpe de Estado? Eso ya lo veía venir el extraterrestre. Lo extraño para él es que hayan tardado tanto en enchironarlos (esta palabra tan rara la escuchó en su estancia en la Tierra y esperaba el momento para utilizarla). En su planeta los rules, turules y compañía estarían en la zona de hibernación temporal desde el primer momento.
Está claro que esto no termina aquí, se dice el extraterrestre, la población está dividida en dos y difícilmente va a cambiar esto, al menos a corto plazo. El estropicio que han provocado estos irresponsables va a ser difícil de reparar.
En fin, seguirá con su ventana abierta al mundo y, por querencia, concretamente a este pequeño mundo con el que ya está tan familiarizado. A ver qué pasa mañana.

Alejandra C.

La sincera

Era como era y lo llevaba a gala. “Yo es que soy muy sincera”. Vamos, que soltaba lo que quería a cualquiera y en cualquier momento. “Yo voy siempre con la verdad por delante”. Eran sus frases preferidas. No se arredraba ante nada ni ante nadie. Eso le había generado odios y rupturas importantes. “Es que la gente no soporta que le digan la verdad”. “Esas cortinas son horrorosas, perdona que te lo diga, pero ya sabes que yo soy muy sincera”, le dijo a su amiga Pilar. Y su amiga Pilar dejó de llamarla. A Juani cuando dio a luz a su primer hijo, le cascó: “Cuando sea mayor ya veremos, porque los niños cambian mucho, pero no he visto en mi vida un niño más feo que este”. “Ya sabes que yo no me callo nada”. Ni que decir tiene que cuando nació su segundo hijo, hacía años que Juani no saludaba a la sincera.
Aunque no era guapa, era bastante llamativa, alta, grandona se podría decir, y un pecho considerable que mostraba con orgullo con grandes escotes, y aún así, le costó echarse novio, y no por falta de pretendientes. A todos les encontraba algún defecto y lo peor es que se lo decía. “Eres muy simpático, pero un poco bajito”, “calvo, calvo no eres, pero se te ven las ideas, jaja”, “tienes nariz de aguilucho, ¿a quien has salido a tu madre o a tu padre?” Y tú, a tu p…madre, pensó el otro antes de dejar el cubata en la mesa y salir huyendo. Total, que se casó mayorcita con un pobre hombre bajito y calvo que jamás pensó en conseguir una mujerona como esa. Para ella fue un fracaso tal, que le costó perder muchos kilos. Pero no iba a cambiar su forma de ser por que la gente no aguantara un pelo. Cuando se encontró con Elena, una amiga de juventud a la que hacía más de diez años que no veía, después de los besos de rigor, mua mua, le dijo: “Pero cómo has engordado, ya me podías dar unos kilitos a mí”, y la otra, con sorna: “diez, te doy diez”. “¿Diez?, qué dices, yo con cinco tengo bastante”. “Que va, que va, te doy diez y todavía tienes que ponerte alguno por tu cuenta para estar bien”. “Jaja, tan graciosa como siempre”. Y tú tan gilipollas, pensó Elena cuando al despedirse se dieron de nuevo los malditos besos de rigor. Esa vez le costó recuperarse de la respuesta, pero eso no le impidió seguir con las andadas.

ANTONIO MORENO DEL CAMINO

Un extraterrestre en Barcelona. Informe 7º y último.

Se acabó la broma

El extraterrestre estaba en medio de la nada esperando la llegada de su nave espacial, cuando de repente vio cómo se acercaban a paso muy rápido un grupo de mujeres hablando muy animadamente. De hecho, oyó sus voces antes de verlas aparecer. No entendía lo que decían porque hablaban varias a la vez, sólo frases sueltas.  Los niños de mi Mari van a un colegio de curas. ¿Y eso? Yo que sé… Lo tienes que dejar en adobo…Esa es una imbécil, no sé lo que se cree… cuatro hijos y no se acuerdan nunca de mi cumpleaños… Son todos unos desagradecidos… ¿Y ese, qué hace ahí?, es verdad, qué raro. Vamos a ver, a lo mejor se ha perdido. Yo no voy que me da miedo. ¿Pero qué nos va a hacer si está sólo y somos ocho?
-Buenas tardes, se adelanta el extraterrestre dirigiéndose al grupo de mujeres, todas ellas en chándal y con zapatillas deportivas.
-Hola, buenas tardes, hola. ¡jo, qué guapo! Desde luego. Me suena mucho su cara. Comentaban todas a una.
De repente aparece silenciosamente en el horizonte la nave espacial. El extraterrestre la mira con ojos  extraviados. ¿Qué va a hacer ahora? No pueden descender con todas esas mujeres allí. Las mujeres también la ven. “Es un platillo volante”, “sí, sí, y viene para acá”. “Ya sé quien es. Es George Clooney. Ya decía yo que me sonaba”. “Parece más joven en el cine”. “Es que los pintan mucho”. “A mí me sigue pareciendo guapísimo”.
- ¿Y qué hace usted aquí, Georges Clooney?
- Umm..
- Vaya pregunta, qué va hacer, una película de extraterrestres.
- Sí, eso es.
- ¿Y va a bajar la nave?, porque no se mueve.
- Es que hay algunos problemas técnicos, están esperando a ver si lo solucionan, se anima a decir el extraterrestre.
- ¿Y los demás?
- Se están retrasando. Estoy intentando hablar con ellos.
- No se moleste, aquí no hay cobertura.
- La nave espacial se mueve.

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