Dolores del Paso

3-7-2020

Y le tocó la lotería

Esa tarde había ido al cine con su amiga Eugenia. Se veían a diario en el trabajo, pero hacía tiempo que no pasaban una tarde juntas. Había sido idea de Eugenia ir al cine. La película le daba igual. Lo que quería era darse una vuelta sin la familia. Su marido se llevaba a sus hijos a ver a los abuelos y ella había aprovechado la ocasión para salir. Lucía no tenía problemas. Entraba y salía (poco, esa era la verdad), cuando le daba la gana. Se había separado unos dos años antes y no tenía hijos. Nadie la esperaba en casa. Nadie la echaría de menos si no volviera, pensaba a veces.

La película era una comedia negra: un tipo al que le toca la lotería, una millonada, y no se le ocurre nada más idiota que contárselo a todo el mundo. Le salen amigos por doquier. Y negocios incontables. La cosa termina muy malamente.

Cuando alcanzaron la calle llovía con ganas. Las dos cobijadas bajo el paraguas de Lucía, se reían comentando las situaciones de la película, cuando Eugenia se dirigió a ella:

-¿Qué harías si te tocara la lotería?

- Matar a los malos

Y le tocó la lotería

Cuando tiempo después recordaba ese momento veía a Eugenia riendo a carcajadas

- Jajá, matar a los malos, ¡pues no tendrías trabajo ni nada!

Ella misma se quedó sorprendida ante su rápida respuesta. ¿De dónde le había salido una idea semejante?

Ya en casa, tras un buen rato esperando un taxi, seguía pensando en su respuesta, y cuando por la mañana salió para ir a trabajar, ya tenía tomada la decisión.

A la hora del café, se fue a comprar lotería. No tenía que ir muy lejos. En la calle paralela había un local de venta de lotería y otras apuestas. Nunca compraba lotería, sólo la de Navidad y porque algún compañero se encargaba de comprarla. Todos compraban y a ella le daba no sé qué decir que no. Nunca les había tocado, pero ahí seguían empeñados, como todo el mundo por esas fechas.

Se entretuvo un rato mirando las distintas apuestas y decidió comprar una de cada. Al ir a pagar, la vendedora le explicó que en la primitiva había un bote de 9 millones de euros. Se quedó asombrada, no sabía que podía tocar tanto dinero.

Esa misma noche era el sorteo. Pasó el día con bastante tensión porque estaba convencida de que le iba a tocar justo ese premio, el de los 9 millones.

Tuvo que mirar varias veces el número para confirmar que era cierto: le habían tocado muchos millones y tendría que cumplir su promesa. Tenía que matar a los malos.

Del premio de la lotería no le dijo nada a nadie, no quería cometer los mismos errores que el tipo de la película. Hay que cosas que es mejor guardar para uno mismo

Por la mañana, a primera hora, se fue al banco. No tenía clase hasta las once, así es que no tenía que dar explicaciones a nadie. Fue directamente a la caja.

- Buenos días, quiero ingresar este boleto

-Buenos días, contestó la cajera con una sonrisa amable al tiempo que recogía el papel que le entregaba.

La sonrisa amable de la cajera se fue torciendo hasta hacer un rictus extraño mientras levantaba la vista hasta clavarle la mirada fijamente. No entendía nada. Tenía ante sí a una mujer que no mostraba ninguna alteración en su rostro ni en sus gestos y que acababa de convertirse en millonaria. Lucía se vio obligada a esbozar una sonrisa.

- Un momento, por favor. La cajera se levantó y se dirigió al despacho del director con un paso rápido, casi corriendo.

En un primer momento había pensado en preguntar directamente por el director para no tener que dar demasiadas explicaciones, pero cambió de idea nada más entrar en la oficina. Hiciera lo que hiciera, se enterarían inmediatamente todos los demás. Eran cuatro gatos. Y le daba igual. De todas formas no conocía a ningún empleado. Raramente iba al banco. Le ingresaban el salario en la cuenta y sacaba dinero del cajero. Antes sí, cuando había muchos empleados y pocos cajeros, entraba y charlaba con la de la caja, una mujer, muy simpática, por cierto, que llevaba años trabajando allí, pero se había prejubilado hacía tiempo.

Al momento apareció un hombre de mediana edad, estatura media, con aspecto de director de banco, con la cara pálida que se quedó un poco parado, al igual que la cajera, mirándola los dos muy fijamente.

 Por fin se animaron a acercarse a ella.

- Buenos días, señora Sánchez, pase usted a mi despacho y hablamos un momento.

- Buenos días, lo siento, ya me pasaré en otro momento, ahora tengo prisa, tengo clase a las once

- Perdone, pero es que estamos hablando de una cantidad muy importante y podemos ofrecerle distintas opciones para colocar su dinero.

- En otro momento. Ahora sólo necesito ingresarlo en mi cuenta. O, mejor, en una cuenta nueva.

- Como quiera, pero en cuanto pueda quedamos para hablar. No es necesario que venga, yo personalmente me puedo acercar a su casa y charlamos tranquilamente.

- Muchas gracias. ¿Se tarda mucho en abrir una cuenta?

- No, no ahora mismo la abrimos. Pase por aquí, por favor, dijo señalando la puerta de su despacho.

- Ester, prepare los papeles para la apertura de la cuenta.

Fueron unos minutos incómodos. El hombre empezó a hablar de la suerte que había tenido, y a darle consejos para la inversión de su dinero. No le prestaba mucha atención. Ella tenía claro en qué lo iba a invertir. Transcurridos unos minutos apareció de nuevo Ester con unos papeles en la mano que ofreció al director mientras seguía con la mirada clavada en Lucía. La miraba como a un bicho raro. ¡Nueve millones y está tan tranquila, aquí sentada, como si nada! El director terminó de leer los papeles y se los pasó a la firma con mano temblorosa. Firmó él también y se los entregó a Lucía guardándose una copia.

Lucía se levantó tendiéndole la mano

-Adiós, buenos días, nos veremos en otra ocasión

- Espero que sea muy pronto. Muchas gracias por confiar en nosotros. La acompaño a la puerta.

Cuando salieron del despacho sintió todas las miradas clavadas en ella. Había tardado poco Ester en informar a sus compañeros.

Dejó al director con ojos atónitos en la puerta, y se marchó tranquilamente a tomar un café. Todavía le quedaba un rato antes de empezar sus clases.

 

Continuará

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