Dolores del Paso

16-12-2022

Un sueño premonitorio

Estaban sentados en el sofá del salón viendo la televisión, como habitualmente hacían, cuando de repente, su marido, casi sin mirarla, le dijo: “Voy a pedir el divorcio”. Ella, levantando levemente los hombros, respondió: “Pues vale”. No sabe si su marido siguió hablando, al menos ella no recuerda nada, solamente recuerda verlo salir por la puerta con su chaquetón de cuero negro.

Ella se quedó desconcertada, no tanto por la noticia, en realidad podría haber ocurrido hacía mucho tiempo. Llevaban tantos años juntos que ya ni se acordaba de cuándo dejaron de ser felices. El alejamiento se había ido produciendo poco a poco y al final casi eran como dos extraños compartiendo piso. Su desconcierto venía porque era un déjà vu, en el que no todo era coincidente. Las palabras y la situación eran las mismas, pero había algo que fallaba. No sabía el tiempo que había pasado, minutos, horas, desde que su marido le había dado esa noticia de forma tan rotunda y seguía sentada en la misma posición sin mover un músculo, hasta que al fin recordó dónde había vivido esa misma escena.

No era un déjà vu, era un sueño que había tenido recientemente. Un sueño que había resultado premonitorio:

Estaban los dos sentado en una especie de camastro en una habitación con desconchones en las paredes despintadas de blanco. No había más muebles, no había nada más, sólo ellos dos allí sentados. Hacía frío, la casa no tenía puerta, sólo el hueco por el que se veía una densa niebla. Los dos miraban al frente, no parecía que estuvieran hablando, hasta que su marido pronunció las mismas palabras de hacía un momento: “Voy a pedir el divorcio”. Y ella respondió con el mismo levantamiento de hombros:

“Pues vale”. Su marido se levantó y salió de la estancia con su chaquetón de cuero negro. Tras un primer momento de desconcierto, ella se levantó y se dirigió a otra estancia que parecía ser la cocina, aunque tampoco tenía ningún mueble. Allí estaba su mejor amiga a la que le dijo: “Carlos me ha dicho que va a pedir el divorcio”. “No me digas”, casi gritó la amiga, para desaparecer inmediatamente. Ella se quedó en medio de ese espacio desolado hasta que poco a poco empezaron a saltársele las lágrimas para acabar llorando desconsoladamente.

Tras recordar el sueño, se levantó lentamente, y se dirigió muy despacio a la cocina esperando encontrar a su amiga. Pero allí no había nadie. Se quedó parada en medio de ese espacio vacío esperando a que llegara alguien para poder echarse a llorar.

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